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Los sue√Īos que cambiaron la historia

Los sue√Īos que cambiaron la historia

por Carlos Hern√°ndez
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En una entrevista concedida a la periodista Janet FlannerHitler relataba una experiencia que cambi√≥ la historia. Ocurri√≥ durante la Primera Guerra Mundial, de 1914-1918, cuando un joven cabo Adolf Hitler luchaba en las tropas alemanas como miles de j√≥venes germanos. Una noche, como tantas otras, el futuro F√ľhrer de Alemania se encontraba en una trinchera con varios compa√Īeros de milicia. Tras la cena se hab√≠a retirado a descansar, y en medio de su duermevela, de pronto ocurri√≥ lo impredecible.

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Seg√ļn relataba Hitler a Janet Flanner ¬ęrepentinamente pareci√≥ que una voz me dec√≠a lev√°ntate y vete all√≠. La voz era tan clara e insistente que autom√°ticamente obedec√≠, como si se tratase de una orden militar. De inmediato me puse en pie y camin√© unos veinte metros por la trinchera. Despu√©s me sent√© para seguir comiendo, con la mente otra vez tranquila. Apenas lo hab√≠a hecho cuando, desde el lugar de la trinchera que acababa de abandonar, lleg√≥ un destello y un estampido ensordecedor. Acababa de estallar un ob√ļs perdido en medio del grupo donde hab√≠a estado sentado; todos sus miembros murieron¬Ľ.

Los sue√Īos que cambiaron la historia
Los sue√Īos que cambiaron la historia

Si aquella misteriosa ¬ęvoz interior¬Ľ no hubiese advertido en sue√Īos a Hitler, o si este no hubiese hecho caso a esa advertencia del destino, posiblemente la historia de Europa no ser√≠a la misma. Pero no fue la primera, ni la √ļltima vez, que la misteriosa ¬ęvoz interior¬Ľ gui√≥ los pasos del F√ľhrer. En 1936, en plena crisis pol√≠tica, Hitler defini√≥ con sus propias palabras su at√≠pica estrategia pol√≠tica: ¬ęsigo el camino que me marca la Providencia con la precisi√≥n y la seguridad de un son√°mbulo¬Ľ.

Para sus seguidores aquellas misteriosas voces de la Providencia han sido interpretadas como gu√≠as astrales, extraterrestres, los dioses de la mitolog√≠a germana o el mism√≠simo Dios. El alcalde de Hamburgo lo dej√≥ muy claro cuando, durante el congreso nazi de 1937 afirm√≥ tajantemente: ¬ęNos comunicamos directamente con Dios a trav√©s de Adolf Hitler. No necesitamos cl√©rigos ni sacerdotes¬Ľ. ¬ŅEra Hitler inspirado a trav√©s de sus sue√Īos por alguna presencia invisible? Es posible. Pero al igual que Hitler infinidad de mandatarios, reyes, presidentes y l√≠deres de todos los tiempos, han vivido similares revelaciones en sue√Īos, que han hecho la historia tal y como la conocemos.

Sue√Īos que marcan la historia


En 1419 en joven pr√≠ncipe egipcio Tutmosis IV, hijo del fara√≥n Tutmosis III vivi√≥ una extra√Īa experiencia on√≠rica, en los alrededores de Menfis. El pr√≠ncipe hab√≠a disfrutado de una jornada de caza, cuando de improviso el cansancio acumulado venci√≥ sus fuerzas y un profundo sue√Īo le invadi√≥. Recostado a la sombra de la gran Esfinge de Giza el futuro fara√≥n se qued√≥ dormido, y seg√ļn narrar√≠a m√°s tarde la mism√≠sima esfinge se le apareci√≥ en sus sue√Īos trasmiti√©ndole un mensaje: ‚ÄúMi rostro te pertenece, mi coraz√≥n tambi√©n. Sufro. La carga que pesa sobre mi me har√° desaparecer. S√°lvame, hijo m√≠o. Si me quitas la arena que me cubre, har√© de ti un rey‚ÄĚ.

El pr√≠ncipe, como era de esperar se despert√≥ turbado, pero tomo buena nota de la ins√≥lita revelaci√≥n, e inmediatamente orden√≥ una de las primeras restauraciones arqueol√≥gicas del emblem√°tico monumento egipcio. Con aquella restauraci√≥n, motivada por un sue√Īo, quiz√°s se salv√≥ del olvido o de da√Īos irreparables, el monumento m√°s emblem√°tico ‚Äďjunto con la Gran Pir√°mide de Keops- de todo el Egipto fara√≥nico.

Muchos siglos despu√©s, el emperador romano Septimio Severo orden√≥ una segunda restauraci√≥n de la esfinge, que continuaba existiendo gracias al sue√Īo de Tutmosis. Y en 1818 el arque√≥logo Caviglia descubri√≥ la estela de granito rosa, de casi 4 metros de largo, que hoy se conserva entre las patas delanteras de la esfinge, y en la que se detalla el sue√Īo de Tutmosis. Seg√ļn los modernos egipt√≥logos, lo que Tutmosis pretendi√≥ conseguir con este sue√Īo, era legitimar su derecho al trono. Sin el sue√Īo, quiz√°s la historia fara√≥nica no ser√≠a la misma.

Pero el sue√Īo del fara√≥n es solo un ejemplo. Hay muchos m√°s. Seg√ļn relata el historiador Plutarco, en su obra ‚ÄúVidas paralelas: Alejandro y C√©sar‚ÄĚAlejandro Magno llevaba siete meses asediando la ciudad de Tiro, y a punto estaba de renunciar a conquistar la ciudad, cuando tubo un sue√Īo que influir√≠a definitivamente en sus decisiones pol√≠ticas y militares. Esa noche el Emperador so√Ī√≥ con el h√©roe H√©rcules, quien le tend√≠a la mano desde los muros de la ciudad sitiada. En otro sue√Īo Alejandro Magno vio a un s√°tiro, un elemental de la naturaleza, que jugueteaba con √©l‚Ķ

Los adivinos y augures que acompa√Īaban al legendario conquistador interpretaron aquellos sue√Īos como una premonici√≥n de victoria. Y asesorado por sus videntes, Alejandro decidi√≥ renovar los ataques hasta que, como hab√≠a ocurrido en su sue√Īo con H√©rcules, Tiro cay√≥ y el Emperador pudo subirse a sus murallas para contemplar la ciudad conquistada. De no haber tendido aquel sue√Īo, quiz√°s habr√≠a desistido del asedio, y Tiro no habr√≠a ca√≠do.

Tambi√©n es pintoresco el caso de otro gran conquistador, que parece avalar la idea de que los sue√Īos pueden predecir el futuro. An√≠bal intent√≥ apoderarse de una columna de oro, ubicada en el templo de la diosa Juno, ordenando que perforasen la pieza para constatar su composici√≥n √°urea. Aquella misma noche el legendario An√≠bal tuvo un sue√Īo, en el que se le aparec√≠a Juno ‚Äďtraducci√≥n latina de la diosa Hera- anunci√°ndole que si persist√≠a en su intento de profanaci√≥n perder√≠a uno de sus ojos. An√≠bal desoy√≥ la on√≠rica premonici√≥n y persisti√≥ en su intento de llevarse la columna de oro. Durante la extracci√≥n de la misma sufri√≥ un accidente y pedi√≥ uno de sus ojos.

Sue√Īos para cambiar el destino


En la obra ‚ÄúAntolog√≠a de las Leyendas Universales‚ÄĚ el erudito Francisco Caudet Yarza relata como Carlomagno dorm√≠a placidamente cuando, en sue√Īos, se le apareci√≥ un √°ngel rodeado de una aureola. El √°ngel, con el que Carlomagno so√Ī√≥ al menos en dos ocasiones, dio al Emperador una serie de indicaciones muy precisas. Indicaciones que Carlomagno, impresionado por el sue√Īo, decidi√≥ seguir obedientemente.

Gracias a esos sue√Īos Carlomagno conoce a Elgebasto, quien lo acompa√Īar√° al castillo del conde Egerico, donde descubren una conspiraci√≥n destinada a asesinar a Carlomagno. De no haber sido por aquel misterioso sue√Īo, Carlomagno habr√≠a ignorado la conspiraci√≥n, y habr√≠a sido v√≠ctima de la misma. Y con su muerte, la historia habr√≠a sido distinta.

Sin embargo no siempre los mandatarios pueden evitar el destino, pese a que este les conceda la oportunidad de alterarlo en sue√Īos.

Interpretaci√≥n de los sue√Īos
Interpretaci√≥n de los sue√Īos. Licencia: Wikipedia

Justo veintid√≥s d√≠as antes del magnicidio que acabar√≠a con su existencia, el presidente norteamericano¬†Abraham Lincoln¬†tuvo un sue√Īo que lo impresion√≥ lo suficiente como para que lo comentase con su esposa, gracias a cuyo relato¬† conocemos la existencia de esta premonici√≥n on√≠rica.

Esa noche el presidente de EEUU so√Ī√≥ con unos lamentos y un alboroto que se produc√≠a en la Casa Blanca y que lo atra√≠a hacia la sala oriental de la misma. Al llegar, Lincoln se encuentra con un grupo de personas que llenan la sala, y con muchos militares que velan un cad√°ver apesadumbrados. Al preguntar que ocurr√≠a le responden: ‚Äúel presidente ha sido asesinado‚ÄĚ. Inmediatamente Lincoln se despierta muy alterado. Le quedaban veintid√≥s d√≠as de vida.

La ciencia so√Īada


Agust Kekulé, el científico nacido Darmstadt (Alemania), el 7 de septiembre de 1829, revolucionó la química orgánica con su descubrimiento de la estructura del benceno. Dicha estructura había sido un enigma durante mucho tiempo para los químicos.

Kekule sab√≠a que el benceno ten√≠a seis √°tomos de carbono, pero su comportamiento no coincid√≠a con la idea de que los seis √°tomos estuviesen distribuidos  en una cadena con las extremidades abiertas.

Una noche, de 1865, la respuesta le lleg√≥ durante un sue√Īo. Kekul√© vio una serpiente formada por seis partes, que bailaba ante sus ojos. En su danza, el animal movi√≥ la cabeza hacia un lado hasta llegar a su propia cola, mordi√©ndola fuertemente. En ese momento el anillo formado por la serpiente comenz√≥ a girar r√°pidamente, haciendo que el qu√≠mico se despierte muy impresionado por la experiencia.

Kekul√© se dio cuenta entonces que la mol√©cula de benceno no ten√≠a una estructura abierta sino cerrada, lo que explicaba el resultado de los experimentos que hab√≠a realizado en el laboratorio. Gracias a ese sue√Īo Kekul√© realiz√≥ su mayor descubrimiento cient√≠fico, y la qu√≠mica org√°nica dio un paso de gigante.

Muy similar es la experiencia del tenaz cient√≠fico Dimitri Mendelev, descubridor de la tabla peri√≥dica de los elementos. Mendelev pas√≥ a la posteridad por esta important√≠sima aportaci√≥n a la qu√≠mica. Su capacidad de trabajo era legendaria, y su dedicaci√≥n a la ciencia absoluta. Llegaba a pasar semanas enteras sin abandonar su laboratorio, fiel a su m√°xima de que el trabajo es la mejor garant√≠a de √©xito en cualquier empresa. Sin embargo, el descubrimiento que lo habr√≠a inmortal en la historia de la ciencia se producir√≠a durante un sue√Īo.

El cient√≠fico llevaba meses trabajando en su gran obra: ‚ÄúQu√≠mica Org√°nica‚ÄĚ y una noche, una de tantas noches en que se qued√≥ dormido en su laboratorio, so√Ī√≥ con una estructura de tabla con columnas e hileras, y se vio a si mismo mas euf√≥rico que nunca. La visi√≥n lo impresion√≥ lo suficiente como para que, al despertar, escribiese en un papel lo que hab√≠a so√Īado.

Aquella visión le permitió clarificar los miles de datos que tenía almacenados en su cerebro, fruto de su exhaustivo trabajo, ordenando los elementos químicos conocidos y llegando a predecir su peso atómico y las propiedades físicas y químicas de otros elementos desconocidos en la época, a los que reservo un espacio vacío en su famosa tabla.

Esas respuestas oníricas a un misterio científico, son más habituales de lo que podemos pesar.

Niels Bohr, cient√≠fico nacido el 7 de octubre de 1885, contempor√°neo y colega de Albert Einstein, dedic√≥ toda su vida a la f√≠sica. Bohr fue uno de los pioneros en el estudio de la energ√≠a at√≥mica. Disc√≠pulo de Ernest Rutherford, perfeccion√≥ las formulas de su mentor, corrigiendo algunos errores en los c√°lculos de Rutheford, sin embargo un enigma lo obsesionaba: ¬ŅC√≥mo se pod√≠a comprender la p√©rdida de energ√≠a debida al movimiento de los electrones?

Los c√°lculos y experimentos de Bohr no consegu√≠an resolver el misterio hasta que, de pronto, una noche de 1913, la soluci√≥n le lleg√≥ en sue√Īos. Bohr se vio a si mismo en un sol de gas ardiente, mientras los planetas pasaban silbando, sujetos al sol por finos filamentos que giraban a su alrededor. De pronto el gas se solidifico y los planetas y el sol se contrajeron. En ese instante el f√≠sico se despert√≥, interpretando el ‚ÄúSol‚ÄĚ como el centro fijo alrededor del cual giraban los electrones, y los filamentos de distinta longitud  como una indicaci√≥n de los niveles energ√©ticos de los diferentes electrones. Este modelo, revelado en sue√Īos, fue desarrollado por Bohr, permitiendo el establecimiento de la f√≠sica at√≥mica moderna, y sus aplicaciones tecnol√≥gicas.

Sin embargo la historia at√≥mica ha tenido otras ‚Äúrevelaciones on√≠ricas‚ÄĚ. El mism√≠simo Robert Oppenheimer, cuyo nombre est√° asociado para siempre al Proyecto Manhatan ‚Äďla construcci√≥n de la primera bomba at√≥mica-, tuvo una revelaci√≥n de crucial importancia, mientras dorm√≠a. Ocurri√≥ en 1945. S√≥lo 36 horas antes de que se realizase una prueba at√≥mica, Oppenheimer tuvo un sue√Īo durante el cual vio que exist√≠a un error fatal en sus c√°lculos, pudiendo experimentar en su visi√≥n nocturna, las terribles consecuencias de aquel fallo. En su experiencia on√≠rica, la prueba at√≥mica, tal y como estaba prevista, se rebelaba catastr√≥fica, ya que a la profundidad a la que estaba establecida la explosi√≥n, el peso del agua iba a frenar la detonaci√≥n durante una fracci√≥n medible de tiempo, lo que provocar√≠a un agrietamiento del planeta.

Al despertarse, Oppenheimer se puso inmediatamente en contacto con el presidente Truman para explicarle el error de la prueba y sus terribles consecuencias. La prueba fue pospuesta y los cálculos corregidos, y quizá gracias a ello se evitó una tragedia de consecuencias planetarias.

La inspiraci√≥n que brot√≥ de los sue√Īos


Richard Wagner, el genial compositor, so√Ī√≥ buena parte de sus magn√≠ficas composiciones. En el caso de la magistral ‚ÄúTrist√°n e Isolda‚ÄĚ Wagner lleg√≥ a decir: ‚ÄúYo so√Ī√© todo esto, mi pobre cabeza nunca habr√≠a podido inventar semejante cosa intencionadamente‚ÄĚ.

Lewis Carrol, pseud√≥nimo de Charles Lutwidge Dodgson (1832-18989) era un an√≥nimo, introvertido y solitario di√°cono, profesor de matem√°ticas en Oxford, hasta que escribi√≥ ‚ÄúAlicia en el pa√≠s de las maravillas‚ÄĚ, la obra m√°s le√≠da en la historia de la literatura inglesa (exceptuando a Shakespeare), otro ejemplo excelente de obra so√Īada.

En un art√≠culo publicado en una revista femenina brit√°nica, Carrol escrib√≠a: ‚ÄúTodo el que ha tratado, como yo he hecho a menudo, de levantarse de la cama a las dos de la ma√Īana en una noche de invierno, encender una vela y registrar alg√ļn feliz pensamiento que de otro modo probablemente habr√≠a olvidado, convendr√° conmigo en que supone mucha incomodidad. Todo lo que tengo que hacer ahora, si me despierto y pienso en algo que quiero recordar, es sacar de debajo de la almohada un peque√Īo memorando que contiene mi nict√≥grafo, escribir unas pocas l√≠neas, o hasta unas pocas p√°ginas, sin siquiera sacar las manos fuera de las s√°banas, poner otra vez el libro en su lugar y dormirme nuevamente‚ÄĚ.

El nict√≥grafo era un mecanismo compuesto por una plantilla de cart√≥n destinada a simplificar notas garabateadas en la oscuridad. Gracias a este invento Carrol no solo pudo extraer de sus sue√Īos la inspiraci√≥n de ‚ÄúAlicia en al pa√≠s de las maravillas‚ÄĚ, sino tambi√©n para ‚ÄúSilvia y Bruno‚ÄĚ (primera y segunda parte), a los que dedic√≥ los √ļltimos veinte a√Īos de su vida, y cuyo material literario estaba extra√≠do √≠ntegramente de los sue√Īos de Carrol.

Muy similar era la t√©cnica de Robert Louis Stevenson, autor de novelas como ‚ÄúLa isla del tesoro‚ÄĚ o ‚ÄúEl Se√Īor de Ballantrae‚ÄĚ.

Stevenson tambi√©n encontraba en los sue√Īos la inspiraci√≥n para sus novelas. Su primo Graham Belfour, autor de la primera biograf√≠a del genial novelista, escrita en 1901, resaltaba esta particular forma de trabajo. Seg√ļn Belfour, su primo se pas√≥ mucho tiempo buscando una idea para su novela m√°s importante, hasta que una ma√Īana se despert√≥ muy excitado despu√©s de haberse pasado la noche envuelto en terribles visiones on√≠ricas.

Aquellos sue√Īos le dieron las primeras tres escenas de ‚ÄúEl extra√Īo caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde‚ÄĚ. El mism√≠simo Stevenson escribir√≠a al respecto: ‚ÄúHab√≠a estado largo tiempo intentando encontrar una raz√≥n un camino que permitiera comprender la doble personalidad humana que deba a veces entrar y arrollar la mente de toda criatura pensante. Durante dos d√≠as estuve devan√°ndome los sesos por cierto argumento; a la noche siguiente se me present√≥ la escena, en una de cuyas secuencias aparec√≠a Hyde, perseguido por un crimen; en aquel momento qued√≥ disfrazado de otra persona en presencia de sus perseguidores. El resto me fue f√°cil completarlo cuando despert√©‚ÄĚ.

Otro magn√≠fico escritor, el genial Jorge Luis Borges, escribi√≥ de Stevenson, que ten√≠a amaestrados a los peque√Īos y legendarios duendes escoceses llamados ‚Äúbrownies‚ÄĚ, quienes, cuando so√Īaban, le suger√≠an los temas fant√°sticos de sus narraciones. Quiz√°s ellos, los ‚Äúbrownies‚ÄĚ, hayan sido los responsables de tantas y tantas ideas geniales, brotadas desde las entra√Īas de los sue√Īos.

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Abraham Lincoln so√Ī√≥ repetidas veces su propia muerte | Misterios MMYC 25 enero 2022 - 17:45

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